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2025 en cinco claves económicas que seguirán afectando a 2026

Índice de contenido



Introducción


Este año 2025 no ha sido un año de grandes rupturas económicas, pero sí de consolidación de tendencias que han marcado el funcionamiento de la economía mundial. Este artículo repasa cinco claves que han tenido un impacto relevante durante el año y que, más que hechos puntuales, seguirán condicionando la evolución económica en 2026.


La inteligencia artificial entra en la economía real


Durante 2025 la inteligencia artificial ha dejado de percibirse como una promesa tecnológica para convertirse en un fenómeno económico de primer orden. El volumen de inversión asociado al desarrollo de modelos, centros de datos e infraestructuras ha alcanzado cifras históricas, con proyectos que se miden ya en cientos de miles de millones y planes de gasto a varios años vista que apuntan a billones de dólares. La posible salida a bolsa de OpenAI ha actuado además como símbolo de esta transición: de laboratorio tecnológico a actor central de la economía global.


La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales protagonistas del panorama financiero mundial.
La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales protagonistas del panorama financiero mundial.

Estos desarrollos están cambiando de forma clara la demanda de ciertos inputs. La demanda de energía crece a un ritmo acelerado, al igual que la de semiconductores avanzados y otros materiales críticos necesarios para sostener esta nueva infraestructura digital. Este aumento de necesidades está provocando que se vuelva a hablar de energía nuclear como fuente estable de suministro, del desarrollo de plantas de procesamiento de tierras raras y de la apertura de minas en regiones donde hasta hace pocos años ni siquiera se habría planteado una actividad de este tipo.


Aunque no faltan advertencias sobre una posible burbuja asociada a la inteligencia artificial, el paralelismo con la puntocom resulta inevitable. Incluso si parte de la inversión termina siendo excesiva o ineficiente, el impacto estructural parece difícil de revertir. Como ocurrió con internet, la inteligencia artificial está llamada a transformar de manera duradera la forma en que producimos, organizamos el trabajo y asignamos capital.


El regreso de los aranceles y la fragmentación del comercio internacional


El 2025 ha confirmado el regreso de los aranceles como una herramienta habitual de política económica y geopolítica. Lo que durante décadas se consideró una excepción ha pasado a formar parte del debate público y de la agenda económica en muchas economías avanzadas. Más allá de medidas concretas, se ha empezado a discutir abiertamente cómo reducir la dependencia en sectores estratégicos, reforzar la autonomía industrial y ganar control sobre cadenas de suministro críticas, cuestiones que hace apenas unos años apenas ocupaban espacio en el debate económico dominante.


Aunque Donald Trump ha sido el exponente más visible de este giro, con una política comercial marcada por aranceles y mensajes cambiantes, 2025 ha dejado claro que este enfoque ya no es exclusivo de una figura o de un país. Tanto la Unión Europea como otras economías han empezado a introducir restricciones, o al menos a justificar discursivamente estas políticas en términos de seguridad económica, pérdida de competitividad industrial o déficits comerciales persistentes.


El impacto económico ha sido gradual pero relevante. Las cadenas de suministro se han regionalizado, los costes de producción han aumentado y las empresas han incorporado criterios de resiliencia y seguridad junto a los de eficiencia. De cara a 2026, esta tendencia apunta a consolidarse. Aunque implica asumir mayores costes y menor eficiencia a corto plazo, también abre la puerta a cadenas de suministro más robustas y a una mayor independencia estratégica e industrial, elementos clave en un entorno global cada vez más incierto.


Cronificación de conflictos, aumento de la tensión internacional y del gasto militar


Este año no ha estado marcado por el estallido de un gran conflicto global, sino por la acumulación y normalización de múltiples focos de tensión con impacto económico agregado. La guerra en Ucrania se ha consolidado como un conflicto de larga duración, mientras que la situación en Palestina, la guerra civil en Sudán, el papel desestabilizador de Irán en Oriente Medio y el aumento de la tensión en países como Nigeria han configurado un entorno internacional más volátil y fragmentado. A estos focos se suman tensiones menos visibles pero relevantes, como los episodios de inestabilidad en el sudeste asiático, y la situación casi prebélica de Venezuela, que amenaza con reverberar por toda la región. 


Los conflictos globales marcarán el devenir de la economía en 2026.
Los conflictos globales marcarán el devenir de la economía en 2026.

El rasgo económico más evidente de este contexto ha sido el aumento sostenido del gasto militar, que en 2025 ha alcanzado niveles históricamente elevados en numerosas economías. Países europeos, Estados Unidos y otras potencias han incrementado sus presupuestos de defensa no como respuesta coyuntural, sino como parte de una estrategia de medio y largo plazo orientada a reforzar capacidades, disuasión y autonomía estratégica.


Desde una perspectiva más amplia, 2025 confirma el final del llamado “dividendo de la paz”. La etapa en la que la reducción de tensiones geopolíticas permitía contener el gasto en defensa y operar en un entorno relativamente predecible parece haber quedado atrás. De cara a 2026, este cambio de paradigma apunta a consolidarse como un rasgo estructural del escenario económico global.


Cambio de tercio en la política monetaria


2025 ha marcado el inicio de un giro en la política monetaria tras el ciclo de subidas de tipos más intenso de las últimas décadas. La moderación de la inflación ha permitido a los principales bancos centrales empezar a relajar el tono y abrir la puerta a las primeras bajadas de tipos o a una normalización gradual de las condiciones financieras.


El efecto ha sido un cierto alivio para Estados, empresas y mercados, especialmente a través de menores costes de financiación y una mayor estabilidad financiera. Sin embargo, este cambio de tercio no supone una vuelta al entorno de dinero barato del pasado. De cara a 2026, la política monetaria seguirá siendo un apoyo limitado, con poco margen para responder a nuevos shocks y sin capacidad para resolver por sí sola los problemas estructurales de la economía.


Europa pone sobre la mesa su problema estructural de crecimiento


Finalmente, el 2025, ha vuelto a poner en evidencia las dificultades estructurales de la economía europea para crecer a un ritmo comparable al de otras economías avanzadas. Más allá del ciclo, Europa sigue mostrando un crecimiento débil, problemas de productividad y una menor capacidad para atraer inversión en sectores estratégicos, en un contexto marcado por la fragmentación regulatoria, el envejecimiento demográfico y la dependencia del gasto público como motor de la actividad.


El contraste con Estados Unidos se ha mantenido durante el año, reforzando la percepción de que el problema europeo no es coyuntural, sino de modelo. Alemania ha seguido actuando como freno, mientras que otras economías han mostrado un crecimiento modesto y muy desigual entre países.


En este contexto, España ha destacado por un comportamiento relativamente mejor, apoyado en el turismo, el consumo y el gasto público. Sin embargo, este mejor desempeño no elimina las vulnerabilidades de fondo. La dependencia de factores cíclicos y la falta de avances claros en productividad aconsejan prudencia. De cara a 2026, Europa sigue enfrentándose al reto de traducir el diagnóstico en reformas, y España, aunque resiste mejor, deberá avanzar con pies de plomo en un entorno internacional cada vez más exigente.


Conclusión


Las cinco claves analizadas no responden a dinámicas independientes. El debilitamiento de una hegemonía claro y la pérdida de poder relativo de Occidente, especialmente de Europa, generan la fragmentación del comercio en varios polos y llevan a la búsqueda de recuperar el control mediante aranceles. El regreso de los aranceles está, a su vez, ligado al aumento de la tensión internacional y a la pérdida de un marco de cooperación global estable, una tensión que favorece el incremento sostenido del gasto militar. Por su parte, los conflictos abiertos y latentes están cada vez más relacionados con el control de recursos estratégicos como la energía, los materiales críticos o los semiconductores, imprescindibles también para el desarrollo de la inteligencia artificial.


Nada de esto desaparece con el cambio de calendario. 2026 no arranca sobre una hoja en blanco, sino sobre un conjunto de tendencias estructurales que seguirán condicionando la economía mundial. Más que nuevas sorpresas, el reto será gestionar un entorno más complejo, más caro y con menos margen de error.


Tabla resumen 


La inteligencia artificial entra en la economía real    

-El fenómeno económico de la inteligencia artificial.

-Un gran impacto estructural.

El regreso de los aranceles y la fragmentación del comercio internacional  

-Los aranceles como herramienta política.

-El ejemplo de Estados Unidos.

Cronificación de conflictos, aumento de la tensión internacional y del gasto militar    

-La normalización de los conflictos globales.

-Los niveles de gasto militar.

Cambio de tercio en la política monetaria  

-El posible giro político de 2026.

-La búsqueda de estabilidad financiera.

Europa pone sobre la mesa su problema estructural de crecimiento    

-Los retos de la economía europea.

-El desempeño de España.


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